
Ella ya no esperaba nada de él. Dejaba que los días pasasen sin pena ni gloria, intentando una vida paralela que tuviera sentido. No quería discutir con él porque después de tantos años, se había dado cuenta de que podía ser peligroso. Nunca, hasta aquella noche, le había visto enfurecerse, pero el puñetazo en la pared, la hizo replantearse la discusión, perder aquella guerra, con todas las consecuencias y seguir viviendo sin la esperanza de la libertad.
Casi 20 años antes siendo una niña, creía en el amor, y se casaba enamorada, de blanco como lo dicen las santas leyes, acompañada al altar por un padre déspota, o demasiado protector, según el punto de vista con que fuese mirado. Era su puerta a la libertad, después de ese día , su padre ni su madre la volverían a decir nada, seria libre, para amar y para vivir, para disfrutar de cada rayo de sol, de cada aliento, de cada sonrisa... Creía que lo quería, es mas, no imaginaba otra vida que no fuese con él.
Los años fueron pasando, y ella creció como mujer y el nunca cambió... o tal vez si...
Ella cambió tanto que no se reconocía en las fotos de aquel maravilloso día, que hoy miraba con nostalgia e incredulidad, su cuerpo no era el mismo, increiblemente era mejor, ahora no tenia la cara de una niña de 19 años , tenia la cara de una mujer guapa que se cuidaba.
Su cuerpo estaba moldeado de las horas de trabajo y gimnasio, de tratar de ser la mujer que quería ser. Lo había conseguido todo en la vida. Una buena posición económica, un buen trabajo, una hija maravillosa... y de repente nada valía nada.
La libertad que un día había creído encontrar no era mas que una ilusión. Estaba libre dentro de su jaula de oro, dentro de la cárcel que ella había elegido, sin darse cuenta, para vivir " feliz". Ya no podría escapar nunca viva de él. Pensaba, que su padre la había tenido prisionera , que la había protegido tanto para que nunca nadie pudiese hacerla daño, y aquel día la entregó, al mayor enemigo, el carcelero que le prometió amor eterno, amor que el entendía como "posesión".
Hoy sus lágrimas corren por sus mejillas con el álbum de fotos abierto, recordando el sonido de su sonrisa, el olor de su perfume, el tacto de sus caricias.
Sus manos sostienen la taza de un amargo café, ahoga sus penas en sórdidos llantos a escondidas. Nadie la ve, nadie lo sabe. Todo está bien.
No debemos perder el norte ni descuidar la esencia de las cosas que son verdaderamente importantes en la vida, ni dejarnos embelesar por falsos dioses.
ResponderSuprimirPor desgracia, nunca aprenderemos la lección y será la asignatura pendiente de muchas (Y muchos).
Un abrazo, Lua!
Manu.